Hamburguesas de pollo

Esta receta me la proporcionaron en un curso de alimentación infantil que hice al poco de nacer mi hijo. Desde entonces no hemos comprado hamburguesas, nos gustan mucho más y no contienen conservantes (obligatorios para la industria) ni colorantes. Y llevan verduras. Eso sí, imprescindible congelarlas, ya que, al llevar mucha proporción de verduras, son poco consistentes.

 

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Para 21 hamburguesas pequeñas, de unos 70gr cada una. Un tamaño perfecto para nosotros: dos por adulto y una por niño 😉

 

– 1000gr de carne de pollo picada dos veces, sin grasa, y a partes iguales pechuga y muslo (importante)

– 3 cebolletas grandes

– medio pimiento rojo grande o uno pequeño

– medio pimiento verde grande o uno pequeño

– 2 huevos

– 4 cucharadas soperas de pan rallado

– sal y especias al gusto

 

En un bol ponemos la carne, la salamos, y le añadimos los huevos batidos, el pan rallado y las verduras bien picadas, importante, porque luego se harán vuelta y vuelta.

 

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Extendemos un trozo de film apto para congelación, de unos 30cm, y ponemos una cucharada grande de la mezcla, en el tercio superior del film.

 

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Cubrimos con la bola con la parte inferior del film, dejándola en el centro, porque al aplastarla necesita espacio alrededor.

 

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Aplastamos suavemente con la base de un plato

 

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Y plegamos el film del contorno sobre la hamburguesa

 

Hamburguesa1

 

Es importante que no queden arrugas en el film que contengan carne, porque luego tendremos que poder retirar el film sin descongelar la hamburguesa.

 

Apilamos en un tuper sin que pierdan la forma y congelamos. Para consumirlas no hay que descongelarlas previamente. Se les retira el film y se echan a la plancha congeladas.

 

 

 

Pan semiintegral de trigo y kamut, con aceitunas y cebolla caramelizada

Seguro que si os habéis asomado alguna vez al mundo pan os habéis topado con la masa madre.  Ese gran obstáculo para muchos principiantes…

Para quien no lo sepa, la masa madre es levadura natural, creada a base de harina y agua. Los panes hechos con ella tienen un sabor profundo, ácido, y tanta personalidad, que a la mayoría de la gente no le gusta, porque ya van para dos las generaciones que nos hemos criado con pan paja, también llamado pan de gasolinera. Pero el paladar puede reeducarse.

Yo no recomiendo la experiencia de la masa madre a nadie a quien el pan con levadura comercial aún no le sale bien. Con el pan, como con todas las cosas, empezar por lo más sencillo y luego ir aumentando la dificultad. Hasta que no hagas tres panes seguidos que salgan bien, por diós, no innoves Elena.

Este pan está a mitad de camino. No es un pan de masa madre, pero lleva un prefermento, por lo tanto menos cantidad de levadura que un pan hecho sólo con levadura comercial. En concreto lleva un polish. No le da la complicación de la masa madre, pero sí gana en sabor y personalidad.

La técnica de los prefermentos consiste en adelantarnos un día a la elaboración del pan, coger una parte de los ingredientes, mezclarlos, y dejarlos fermentar. Es una forma más de conseguir un pan de fermentación lenta, con todo lo que eso supone en sabor. En este pan, además del prefermento, sigo con mi costumbre de hacer el pan en dos días diferentes, con fermentación en bloque en frío. Es decir, que si el polish lo preparo el lunes al levantarme, acabo horneando el pan el miércoles por la noche. Para quien se asuste, no tienes que estar todo ese tiempo con las manos en la masa, jajaja

 

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Para un pan de 1600gr o dos  barras de 800gr

 

– 750 gr harina semiintegral de trigo ecológica

– 250 gr harina integral de kamut

– 666 gr de agua

– 1’5 gr levadura de panadería

– 18 gr de sal

– Cebolla caramelizada al gusto, yo algo así como dos cucharadas soperas

– Aceitunas negras, en mi caso en aros

 

DÍA 1

El momento del día en que hagamos el polish es importante: ha de estar entre 12 y 16 horas fermentando a temperatura ambiente, así que debemos prepararlo ese tiempo antes de tener oportunidad de amasar. En mi caso, cualquier día a las 7 de la mañana. Tenemos que mezclar en un bol 333 gr de harina de trigo y 333 gr de agua. Y un pelín de levadura. Nada, lo que se puede coger con la puntita de una cucharilla de café. Es una papilla. Ni hablar de meter la mano. Con una espátula y listo. Tapar y dejar a temperatura ambiente.

Tras 12-16 horas, mezclar con el resto de ingredientes excepto la sal, la cebolla y las aceitunas. Es decir, 667 gr de harinas, 333 de agua, y la levadura. Mezclamos bien y dejamos que haga autolisis (reposo, traduciendo) durante media hora. Pasado ese tiempo, añadimos la sal y amasamos. En mi caso, hago dos series de pliegues separadas por media hora, una hora, o lo que me venga bien. Luego, bien tapado, a la nevera. En mi caso, suelen ser ya las doce de la noche.

En la nevera ha de estar al menos 24 horas, pero esta masa estuvo 72.

 

DÍA 2

El día en que vamos a hornear debemos tener por delante al menos tres horas. Sacamos la masa de la nevera y dejamos que se atempere media hora. Luego ya podemos manipularla. La amasamos un poco sobre la encimera y le vamos añadiendo la cebolla y las aceitunas, que por mucho que lo intentemos, no quedarán escondidas. Resignación.

Si queremos hacer sólo una pieza, le damos la forma que queramos. Si queremos hacer varias, cortamos la masa y lo mismo. Dejamos fermentar en un sitio sin corrientes o tapándola, unas dos horas. Antes de meter al horno, greñamos

Horneamos a 250º durante 15 minutos, en mi caso con vapor, y luego 40 más a 175º, porque es una pieza grande. Si son varias pequeñas, será suficiente con menos tiempo.

Lo ideal es esperar al menos 12 horas antes de cortar el pan. Yo siempre respeto eso, pero es que suelo sacar el pan del horno a medianoche, jeje, camino de la cama.

 

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Arroz semiintegral al chilindrón con pollo

Esta es una de esas recetas multicolor que tenemos gracias a las verduras. Sin ellas las comidas serían simpre de un color pardo, con tonos amarillos o marrones. Pero gracias a las verduras podemos llenar el plato de color. Y de sabor, claro…

 

arroz al chilindrón

 

 

Para 6 raciones:

 

– Un pimiento verde

– Un pimiento rojo

– Tres cebollas

– Tomate triturado, unos 700ml

– 5 ajos picados

– Un muslo de pollo deshuesado sin piel, y troceado

– 50gr de taquitos de jamón serrano

– 100ml de vino blanco de cocina

– Bien de pimentón de la Vera (cada vez que utilizo esta unidad de medida me acuerdo de mi amiga Claudia, que fue a la primera a la que se la leí), al gusto, en nuestro caso mezcla de picante y dulce

– Tomillo picado

 

Yo piqué todo en la mycook. No es imprescindible un robot, pero agiliza mucho cualquier picadora. Picar por separado cada una de las verduras (el ajo con el pimiento), sofreír la cebolla (yo la hago bastante, me amarga un plato que la cebolla haya quedado crujiente), añadir el pimiento y seguir sofriendo. A los pocos minutos, añadir el tomate triturado, el pimentón y el tomillo, remover bien y tapar. Dejar cocer al menos 15 minutos. Yo siempre más, me gusta la comida muy cocinada. Cuando el tomate haya reducido a nuestro gusto, añadir el vino y dejar cocer destapado. Añadir a los pocos minutos el pollo, remover y dejar cocer unos minutos. Añadir el jamón, y apagar a los tres o cuatro minutos.

Esta es la base, que se puede hacer en cantidad y congelar por raciones. En nuestro caso, como somos tres (comiendo arroz el enano ya vale por 1), hice toda esta base para comer hoy y para tener la comida de otro domingo solucionada, jeje. Para cada comida (tres raciones) necesitamos:

– La mitad de la base anterior

– 150gr de arroz semiintegral de El Rincón del Segura

– 600ml de caldo de pollo o verduras

 

En una cazuela ponemos el sofrito o base, lo calentamos y añadimos el arroz, dando vueltas para que se integre bien. Cuando esté bien mezclado, añadimos el caldo hirviendo. En 20 minutos, comiendo.

 

Congelar en varios pisos

En esta primera idea ya os podéis imaginar si os van a interesar las siguientes o son unas perogrulladas. Claro, a mí parecen eso, jajaja

La primera regla para congelar con cabeza es: “congelar aire es una gilipollez”. Es decir, los tupers llenos hasta arriba. Y si lo que congelamos no es líquido, haciendo separaciones con papel de hornear, podemos hacer varios pisos en un mismo tuper 😉

 

Es el caso de un bizcocho de unos 3 cm de altura. El tamaño de este tuper para mí es perfecto como ración a comer durante dos o tres días (que aguanta perfectamente en la nevera una vez descongelado), pero el tuper tiene una profundidad de 7 cm. Si separamos los dos trozos con un papel de horno, cuando queramos descongelar un solo trozo no habrá ningún problema:

 

bizcocho en dos pisos

 

bizcocho en dos pisos 2

 

 

 

Congelar para vivir mejor

Nos gusta cocinar, pero no nos engañemos, nos gusta más cuando podemos comer bien sin tenerlo que hacer, jeje.  Tiempo que no tenemos que dedicar a la cocina, tiempo disponible para otras cosas, desde descansar a trabajar.

Comer es un placer. Comer de forma saludable una necesidad. Y la experiencia nos ha demostrado que, salvo excepciones, comer platos ricos que además sean saludables requiere una cantidad de trabajo en la cocina que puede ser inhibidora en la mayoría de ocasiones, sobre todo para quien cocinar es un fastidio.

¿Por qué no aprovechar el trabajo y el tiempo?

Están claras dos cosas: que no se puede congelar cualquier comida, y que la capacidad de nuestro congelador nos limita. Pero si nos organizamos bien le podemos sacar mucho partido al trabajo y al aparato.

En nuestro caso particular, tener alimentos crudos congelados no es una solución. Es trabajo. Congelar alimentos crudos ahorra visitas al super o al mercado, pero no soluciona una cena o una comida. Pero habrá otros casos en que, por la distancia a los supermercados, o porque el horario de trabajo no permite las compras más que de sábado en sábado, emplear el congelador para alimentos crudos tiene todo su sentido.

Os voy a presentar mis congeladores. En plural, sí. Soy una privilegiada, lo sé. Tengo dos combis (tres cajones de congelación cada uno) y un congelador vertical de siete cajones. En total, trece cajones. Esto nos permite comer como reyes sin cocinar demasiado.

¿Cómo sería nuestra vida con un congelador lleno de cubitos, polos y guisantes congelados? Habrían dos posibilidades. O bien consumiríamos muchos productos precocinados o cocinados industriales (que no es siempre sinónimo de mala comida), o tendríamos que dedicar cada tarde de dos a tres horas para cocinar la cena y la comida del día siguiente. Si pensáis que llegamos del trabajo a las 17.30, y que “la cuerda” de la energía no nos da para tener tareas por hacer (incluyo cenar) más lejos de las 22.00… esta segunda opción haría que uno de nosotros tuviera que meterse en la cocina todas las tardes a las 18.30. Para nosotros, una mala opción.

Cocinamos muchísmo menos. Podríamos hacerlo sólo una o dos tardes de lunes a viernes, incluso ninguna, y hablo de comidas y cenas, porque comemos a diario en el trabajo de tuper. Pero no es verdad, porque en realidad nos encanta cocinar y no podemos evitar andar probando recetas de las que encontramos por la blogosfera 😉  A veces, algunos tupers congelados se eternizan en el congelador. Recuerdo una ración de zarangollo que rula por allí desde agosto, jeje.

 

Podemos permitirnos acompañar a nuestro hijo dos veces por semana a la piscina, hacer visitas, meriendas en el parque o compras sin prisa casi todos los días. Como si tuviéramos chacha, jeje.

Clave es el trabajo de los domingos. Ese día no solemos ir a ningún sitio. Vivimos en una casa de campo (esas que la gente de ciudad buscáis los domingos, jeje), que nos da, a partes iguales, relax y trabajo. Y el trabajo es cosa de los domingos, así que es un día casero que empleamos en adecentar la parcela, mantener el huerto, y cocinar. Evidentemente no aceptamos visitas de esas de “vamos a pasar el domingo a casa de Ardid”, jojo!!!

Iré escribiendo los trucos que he ido aprendiendo con los años, por si os sirven, aunque la magia no existe, aviso. Y porque mi amiga Claudia me pidió que empezara el blog con el post “mi amigo el congelador”

Bizcocho vegano de calabacín y chocolate

Descubrí este bizcocho en uno de los blogs de Sunflower, La Panadería de Carmela, que suelo mirar poco porque todo engorda muuuuuucho 😆  pero de casualidad encontré este bizcocho, que no lleva ni huevo ni leche, pero que en realidad me llamó la atención porque llevaba calabacín. Es muy conocido el bizcocho de calabaza, pero no lo hago nunca porque es un dulce con mucho azúcar (si escatimas, sale demasiado el sabor a calabaza). Pero de calabacín no había hecho nunca. Carmela a su vez lo ha sacado del libro de Sandra, La receta de la felicidad.

Lo tuneé, aunque aquí podéis ver la receta original. Le reduje el azúcar y el cacao y un poco el aceite. El bizcocho resultante tiene así un 40% de calabacín, y no sabe nada nada a esta hortaliza. Sabe sólo a chocolate 🙂  La textura es esponjosa, nada apelmazada. Tal vez, para paladares más golosos, habría que subir un poco la cantidad de azúcar, pero para mí se come perfectamente así.

 

bizcocho vegano de chocolate

 

– 325 gramos de calabacín triturado, limpio y con piel
– 100 ml de aceite de girasol
– 100 gramos de azúcar
– 250 gramos de harina de trigo semiintegral
– 20 gramos de cacao puro en polvo tipo Valor
– 1 cucharadita de levadura química
– 1 pizca de sal

 

La forma de hacerlo no puede ser más simple teniendo mycook: trituras el calabacín, y luego añades el resto de ingredientes. Sigues triturando a la velocidad que más te guste, al molde y al horno precalentado a 180º durante 20-25′. Desmoldar y dejar enfriar en una rejilla.

Y congelar rápidamente para que dure

Rigatoni integrales con salsa de calabacín

Hace unos meses me volví loca y aproveché una oferta de Pastas Garofalo. Compré de todas las variedades integrales que se ofertaban, hasta siete kilos. La locura no es tanto esa cantidad, sino que, aunque como pasta todas las semanas, mis raciones son de 30gr, jajaja  y las del costillo nunca superan el doble.

 

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Ingredientes para muchas raciones

– Una cebolla grande

– Un calabacín grande, como de 800gr

– 100ml de leche

– sal

– pimienta

– nuez moscada

 

Interesante ayudarnos de una picadora. En mi caso, la mycook. En ella piqué el calabacín bien fino. Sacar y reservar. Picar la cebolla también fina y reservar. Calentar el aceite, añadir la cebolla y dejar que se poche. Añadir el calabacín y dejar que se cueza. Mínimo 15 minutos. En algún momento, salpimentar y añadir la nuez moscada. Casi al final añadir el chorrito de leche para aligerar, ya que queda muy espesa.