Alcachofas estofadas con tomate

Casi por aclamación me animo a escribir esta receta. Y es que, aunque es un plato riquísimo, es tan simple que no se me ocurre que alguien pueda no saber cómo hacer… Pero es cierto que en cocina damos muchas cosas por sabidas, y no siempre es así. Estas alcachofas son un clásico en casa de mis padres. Pero yo no las hago igual que mi madre, porque yo soy de la liga “no al limón”, y ella de la liga “frotemos con saña las alcachofas que no oscurezcan”. Pero yo no  le veo ninguna pega a que oscurezcan un poco antes de echarlas a la cazuela. Y no saben a limón, jeje. Pero sí aprendí de mi madre algo muy importante respecto de las alcachofas: cómo elegirlas. Ella las llama “del ojo cerrado”, y son las que tienen las hojas centrales más cortas que las exteriores. Supongo que son más tiernas. Ni idea, pero es cierto que son las mejores, más llenas.   alcachofa Para evitar que las alcachofas se oscurezcan, como no las froto con limón, dejo lo de cortarles la punta en el último momento. Es decir, les corto el rabo y les quito las hojas exteriores a todas las que voy a cocinar, y luego ya las despunto todas. Siempre se oscurecen un poco las primeras, sobre todo si son muchas, pero de verdad que una vez cocinadas no se les nota nada. Por supuesto en el sabor tampoco. Bueno, sí, se nota que no saben a limón, jeje

alcachofas con tomate

Ingredientes para cuatro personas, siendo cada ración una guarnición abundante que habrá que acompañar con otra ración de proteína

– 6 alcachofas grandes u 8 medianas

– 750ml de tomate triturado sin caldo. Si es de bote, que tiene tanto caldo, un litro

– 2 ajos picados, como a mí no me gusta encontrármelos, tengo un triturador de ajo

– Tomillo al gusto

– Sal, pimienta blanca molida y un pelín de azúcar si no os gusta que el tomate esté ácido

En una cazuela baja con un poco de aceite, poco, se echa el ajo, y cuando empiece a dorarse, el tomate triturado. Se deja a fuego medio y se tapa. Cuando haya reducido un poco se añaden los condimentos, se prueba, y se añaden las alcachofas. Remover bien y tapar. Cocer a fuego medio hasta que estén tiernas y el tomate se haya reducido lo suficiente para nuestro gusto.

Las alcachofas las iremos limpiando y cortando mientras el tomate se va haciendo, y así no pasarán mucho tiempo al aire y no se oscurecerán.

No tiene más 😉   y, por supuesto, 100% congelable. Además, añadiéndoles un poco de caldo, y cuando hierva, un poco de arroz o de fideos, tendremos una comida solucionada 🙂

Sofrito base congelado

Como siempre que llega agosto, en casa aprovechamos la temporada de tomates para hacer conservas. Con el resto de la familia hacemos una cadena para envasar unos ciento cincuenta kilos de tomate fresco, y luego ya en casa, sólo para nosotros, hacemos sofrito base, que es en realidad lo que nos quita trabajo el resto del año.

Las conservas las hacemos en botes de cristal guardados a lo largo del año, de legumbres, mayonesa, mermeladas, etc. Siempre botes nuevos, no usados antes para conservas caseras, porque hemos comprobado que algunas tapas no hacen bien el vacío por segunda vez.

Las conservas caseras de tomate consisten en envasar correctamente el tomate, cerrar los botes y hervirlos durante un tiempo que va desde 15 a 30 minutos, dependiendo del tamaño de los botes.

Siempre vamos escasos de botes, así que este año, para el sofrito, además de envasarlo en botes, como estos, que están listos para ser hervidos…

 

sofrito enlatado

 

lo he congelado. El problema de congelar es el de siempre: el espacio. Pero he descubierto una forma de congelar que deja a cero el espacio desperdiciado  😉   En dados 😉

Se trata de llenar las cubiteras, dejar que se congelen bien, sacar los dados o cubitos, y llenar una bolsa con ellos. Si el sofrito está bien congelado, luego los dados no se pegarán entre sí, y así luego podremos sacar los cubitos que necesitemos

sofrito en cubitos0

 

 

 

 

sofrito en cubitos1

 

 

 

sofrito en bolsa

 

 

De esta manera tengo más de cien cubitos, unos 2 kilos de sofrito concentrado de tomate y cebolla, en un espacio mínimo 😉

 

Hamburguesas de pollo

Esta receta me la proporcionaron en un curso de alimentación infantil que hice al poco de nacer mi hijo. Desde entonces no hemos comprado hamburguesas, nos gustan mucho más y no contienen conservantes (obligatorios para la industria) ni colorantes. Y llevan verduras. Eso sí, imprescindible congelarlas, ya que, al llevar mucha proporción de verduras, son poco consistentes.

 

Hamburguesa1

 

Para 21 hamburguesas pequeñas, de unos 70gr cada una. Un tamaño perfecto para nosotros: dos por adulto y una por niño 😉

 

– 1000gr de carne de pollo picada dos veces, sin grasa, y a partes iguales pechuga y muslo (importante)

– 3 cebolletas grandes

– medio pimiento rojo grande o uno pequeño

– medio pimiento verde grande o uno pequeño

– 2 huevos

– 4 cucharadas soperas de pan rallado

– sal y especias al gusto

 

En un bol ponemos la carne, la salamos, y le añadimos los huevos batidos, el pan rallado y las verduras bien picadas, importante, porque luego se harán vuelta y vuelta.

 

Hamburguesa2

 

Extendemos un trozo de film apto para congelación, de unos 30cm, y ponemos una cucharada grande de la mezcla, en el tercio superior del film.

 

Hamburguesa3

Cubrimos con la bola con la parte inferior del film, dejándola en el centro, porque al aplastarla necesita espacio alrededor.

 

Hamburguesa4

Aplastamos suavemente con la base de un plato

 

Hamburguesa5

 

Hamburguesa6

 

Y plegamos el film del contorno sobre la hamburguesa

 

Hamburguesa1

 

Es importante que no queden arrugas en el film que contengan carne, porque luego tendremos que poder retirar el film sin descongelar la hamburguesa.

 

Apilamos en un tuper sin que pierdan la forma y congelamos. Para consumirlas no hay que descongelarlas previamente. Se les retira el film y se echan a la plancha congeladas.

 

 

 

Congelar en varios pisos

En esta primera idea ya os podéis imaginar si os van a interesar las siguientes o son unas perogrulladas. Claro, a mí parecen eso, jajaja

La primera regla para congelar con cabeza es: “congelar aire es una gilipollez”. Es decir, los tupers llenos hasta arriba. Y si lo que congelamos no es líquido, haciendo separaciones con papel de hornear, podemos hacer varios pisos en un mismo tuper 😉

 

Es el caso de un bizcocho de unos 3 cm de altura. El tamaño de este tuper para mí es perfecto como ración a comer durante dos o tres días (que aguanta perfectamente en la nevera una vez descongelado), pero el tuper tiene una profundidad de 7 cm. Si separamos los dos trozos con un papel de horno, cuando queramos descongelar un solo trozo no habrá ningún problema:

 

bizcocho en dos pisos

 

bizcocho en dos pisos 2

 

 

 

Congelar para vivir mejor

Nos gusta cocinar, pero no nos engañemos, nos gusta más cuando podemos comer bien sin tenerlo que hacer, jeje.  Tiempo que no tenemos que dedicar a la cocina, tiempo disponible para otras cosas, desde descansar a trabajar.

Comer es un placer. Comer de forma saludable una necesidad. Y la experiencia nos ha demostrado que, salvo excepciones, comer platos ricos que además sean saludables requiere una cantidad de trabajo en la cocina que puede ser inhibidora en la mayoría de ocasiones, sobre todo para quien cocinar es un fastidio.

¿Por qué no aprovechar el trabajo y el tiempo?

Están claras dos cosas: que no se puede congelar cualquier comida, y que la capacidad de nuestro congelador nos limita. Pero si nos organizamos bien le podemos sacar mucho partido al trabajo y al aparato.

En nuestro caso particular, tener alimentos crudos congelados no es una solución. Es trabajo. Congelar alimentos crudos ahorra visitas al super o al mercado, pero no soluciona una cena o una comida. Pero habrá otros casos en que, por la distancia a los supermercados, o porque el horario de trabajo no permite las compras más que de sábado en sábado, emplear el congelador para alimentos crudos tiene todo su sentido.

Os voy a presentar mis congeladores. En plural, sí. Soy una privilegiada, lo sé. Tengo dos combis (tres cajones de congelación cada uno) y un congelador vertical de siete cajones. En total, trece cajones. Esto nos permite comer como reyes sin cocinar demasiado.

¿Cómo sería nuestra vida con un congelador lleno de cubitos, polos y guisantes congelados? Habrían dos posibilidades. O bien consumiríamos muchos productos precocinados o cocinados industriales (que no es siempre sinónimo de mala comida), o tendríamos que dedicar cada tarde de dos a tres horas para cocinar la cena y la comida del día siguiente. Si pensáis que llegamos del trabajo a las 17.30, y que “la cuerda” de la energía no nos da para tener tareas por hacer (incluyo cenar) más lejos de las 22.00… esta segunda opción haría que uno de nosotros tuviera que meterse en la cocina todas las tardes a las 18.30. Para nosotros, una mala opción.

Cocinamos muchísmo menos. Podríamos hacerlo sólo una o dos tardes de lunes a viernes, incluso ninguna, y hablo de comidas y cenas, porque comemos a diario en el trabajo de tuper. Pero no es verdad, porque en realidad nos encanta cocinar y no podemos evitar andar probando recetas de las que encontramos por la blogosfera 😉  A veces, algunos tupers congelados se eternizan en el congelador. Recuerdo una ración de zarangollo que rula por allí desde agosto, jeje.

 

Podemos permitirnos acompañar a nuestro hijo dos veces por semana a la piscina, hacer visitas, meriendas en el parque o compras sin prisa casi todos los días. Como si tuviéramos chacha, jeje.

Clave es el trabajo de los domingos. Ese día no solemos ir a ningún sitio. Vivimos en una casa de campo (esas que la gente de ciudad buscáis los domingos, jeje), que nos da, a partes iguales, relax y trabajo. Y el trabajo es cosa de los domingos, así que es un día casero que empleamos en adecentar la parcela, mantener el huerto, y cocinar. Evidentemente no aceptamos visitas de esas de “vamos a pasar el domingo a casa de Ardid”, jojo!!!

Iré escribiendo los trucos que he ido aprendiendo con los años, por si os sirven, aunque la magia no existe, aviso. Y porque mi amiga Claudia me pidió que empezara el blog con el post “mi amigo el congelador”